lunes, 30 de abril de 2012

Aromáticas en el jardín: el perfume de la Provenza



En macizos, solas y mezcladas con otras especies, en terrazas, jardines, o en sencillas macetas, las plantas aromáticas son una fuente de aromas mediterráneos y suaves tonos azules.

Aromáticas es el nombre que reciben algunas plantas arbustivas o herbáceas que desprenden aceites esenciales almacenados en sus hojas cuando se frotan o se calientan. Han sido utilizadas por el hombre desde siempre; las antiguas culturas alcanzaron unos conocimientos admirables sobre sus propiedades y con gran ingenio se sirvieron de ellas como medicinas, conservantes, sazonadores, repelentes de insectos, además de disfrutar de sus placenteros aromas y sabores. En estos tiempos, la industria del perfume propicia una de las más extraordinarias estampas de la primavera en los extensos campos de lavanda del sur de Francia.

Las aromáticas se cultivan en las casas con fines culinarios, pero año a año ganan presencia en jardines y terrazas, formando macizos de una única especie, mezcladas con otras en busca de contrastes de color, o en solitario en sencillos tiestos de barro.

Cultivar hierbas aromáticas es sencillo: son plantas muy agradecidas y la mayoría tan solo requiere un emplazamiento soleado y un suelo que drene bien. Eso sí, se deben elegir las especies adecuadas para las condiciones de soleamiento y espacio que se les puede ofrecer. A la hora de escoger los ejemplares es mejor elegir plantas pequeñas, compactas y con las hojas tersas y frescas; la tierra debe estar húmeda.

Muchos tipos de aromáticas

Existen varios tipos de plantas aromáticas: perennes, caducas, anuales y bianuales. Las perennes mantienen las hojas, y aunque en los inviernos muy fríos algunas de ellas se resienten, se recuperan en primavera. Entre ellas están el espliego o lavanda, el cantueso, la santolina y el tomillo. Las hierbas caducas suelen perder las hojas en invierno, pero rebrotan en primavera: es el caso de la menta y la salvia farinácea. Entre las anuales, que duran una temporada, se encuentran la albahaca y el eneldo. Y entre las bianuales, que producen tallos y hojas el primer año y florecen el siguiente, están el comino y el perejil.

La mayoría de ellas tienen aplicaciones culinarias (ver columna de la derecha), medicinales, como ambientadores e incluso como repelentes de insectos (polillas, mosquitos, moscas), que no soportan su intenso aroma.

Fáciles de mantener

En general, las plantas aromáticas son de fácil mantenimiento, y las más leñosas suelen soportar bien la sequía, especialmente las que están plantadas en tierra; en tiesto pueden sufrir porque la tierra se seca con mayor rapidez.

Después de la floración es conveniente someterlas a una poda para devolverle la forma a las matas y lograr un aspecto más compacto, especialmente en las perennes. Las ramas cortadas se pueden usar para obtener esquejes. Si se van a utilizar como ambientadores o en la cocina, se cortan en cualquier época del año con cuidado de no estropear demasiado la planta, y siempre por encima de una yema. Si se trata de espliego o cantueso es mejor antes de que se hayan abierto las flores.

Según la especie, pueden necesitar distintos tipos de suelo, pero siempre bien drenados: no toleran el encharcamiento. No suelen coger plagas, pero muchas de ellas resultan un manjar para babosas y caracoles.

El uso en jardines y terrazas

En jardinería, a su aroma hay que añadir el potencial decorativo de sus hojas y flores. Las hay de follaje agrisado, como el espliego y la santolina, o de un tono verde intenso, como la menta. Las flores pueden ser violetas y muy melíferas, como las del espliego y el cantueso; azules, como las de la salvia farinácea, o amarillas como las de la santolina. Son aptas para crear borduras o macizos, y se colocan en los lugares de paso para que al rozarlas emane su aroma. También las hay de porte adecuado para jardineras y tiestos. El perfume de estas plantas se desprende más intensamente cuando están expuestas al sol del verano, especialmente al caer la tarde.

ESPLIEGO o LAVANDA (Lavandula angustifolia)

Es la planta más popular del grupo de las lavándulas y ha dado origen a numerosos híbridos. Forma matas arbustivas erectas o redondeadas de 50 a 70 centímetros de altura, de un caracteristico color verde agrisado o plateado. Produce aromáticas espigas de color lavanda, que atraen a las abejas y mariposas. Necesita sol y un suelo seco, pobre, que drene bien, neutro o alcalino, y si es calcáreo, mejor. A finales del verano, una vez seca la flor, se recorta la planta para favorecer brotes nuevos y un porte compacto. Se suele plantar cerca de los rosales ya que ahuyenta los pulgones.

CANTUESO (Lavandula stoechas)

El cantueso, también llamado romero de piedra o tomillo borriquero, es una lavándula tan perfumada como el espliego, pero de flores más decorativas, ya que las espigas rematan en un penacho de brácteas de color violeta, rosado o púrpura, según la variedad. Son arbustos muy ramificados, de follaje perenne denso, que alcanzan entre 40 y 70 centímetros de altura. El cantueso necesita un suelo bien drenado, ácido o neutro, para vivir bien. Es muy resistente a la sequedad.

ROMERO (Rosmarinus officinalis)

Arbusto perenne de lento crecimiento, que puede superar el metro y medio de altura. Sus perfumadas hojas son muy apreciadas como condimento. A finales del invierno emite pequeñas flores de color violeta claro, muy melíferas. Es muy resistente al frío y se da bien en cualquier tipo de suelo, aunque mejor si es seco, arenoso y calizo. Necesita sol, pero puede vivir en semisombra. Se propaga fácilmente por esquejes. Resulta ideal para borduras y setos, al igual que el R. lavandulaceus o romero enano, que ronda el medio metro de altura y puede usarse como tapizante.

SANTOLINA (Santolina chamaecyparissus)

Planta perenne de hojas afelpadas de un tono gris plateado, que desprenden un intenso aroma a manzanilla. Durante el verano se llena de flores amarillas en forma de pompón, con tendencia a secarse sin perder la forma ni el color. Necesitan una poda drástica al mes y medio de la floración para recuperar su forma compacta. Las matas suelen tener entre 30 y 60 centímetros. La santolina es muy resistente a la sequía y precisa un suelo pobre, alcalino, calcáreo y bien drenado. Puede situarse al sol, pero tolera la semisombra, así como el viento y las heladas. Resulta muy adecuada para setos bajos o como cubresuelos. Existen varios cultivares.

TOMILLO (Thymus vulgaris)

Habitual en la cocina y la medicina natural, el tomillo es un arbusto de unos 15 a 40 centímetros de altura, compacto y de floración menuda desde principios de la primavera. Se recolecta cuando florece, y conviene secar las ramitas a la sombra en un lugar aireado. En los jardines da juego en rocallas y borduras. De origen mediterráneo, exige sol y soporta bien la sequía y el frío. Le va cualquier tipo de suelo siempre que drene bien, y crece rápidamente. Tras la floración conviene podarlo para que no pierda la forma. El género abarca unas 350 especies; el T. serpyllum es ideal como cubresuelos.

SALVIA FARINÁCEA (Salvia farinacea)

Pertenece al grupo de las salvias, todas de hojas aromáticas (la S. officinalis se usa en la cocina italiana). La salvia farinácea es una planta anual que tiene la peculiaridad de dar una espectacular floración en forma de espigas de color azul intenso, lo que la hace muy atractiva en jardinería. Es una planta muy apta para macetas por su tamaño, aunque también se usa en macizos en el jardín. Si se les retiran las flores secas sigue floreciendo a lo largo del verano, hasta el otoño. Se cultiva en suelos ricos, bien drenados y frescos; necesita sol y algo más de humedad que otras aromáticas. Existen numerosos cultivares.

HIERBABUENA (Mentha sativa)

La hierbabuena, como la menta (Mentha x piperita) y la M. spicata, son de las pocas aromáticas que prefieren suelos muy húmedos y ricos, y una situación en semisombra. Son vivaces rizomatosas de brillantes hojas verdes muy fragantes, que alcanzan los 30-50 centímetros de altura. Estas especies son muy invasoras, por lo que se debe controlar su crecimiento, lo que se logra plantándolas con tiesto en las jardineras o el suelo. Si se van a utilizar para el consumo no conviene aplicarles fertilizantes químicos.

Fuente: verdeesvida.es

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